En enero del 2022 corrí mi primera carrera de enduro en Cheste, Valencia. Me reafirmó que el enduro es muy diferente del motocross. Es un deporte que se sufre, en que por momentos te sientes corriendo una maratón. Tu cabeza lucha contra un cuerpo que te dice que pares, que ya no puedes más. Miras el crono y sabes que tienes que estar en el siguiente control horario a las 12:27, luego a las 12:46…. Ni un minuto más, ni uno menos. Allí están las cronos, ¡y tienes que correr!

Técnicamente me costó mucho adaptarme a las primeras salidas y carreras, y sentía que necesitaba aprender mucho y mucho más. Aún me acuerdo de esa trialera de piedras en Cheste que hacía que se me salieran los pulmones del pecho… Y temía las carreras que venían en Asturias: Infiesto, menudo nombre para un lugar… Debo decir que tengo la suerte de tener buenos amigos que me enseñaban y que vinieron a correr alguna carrera. Estaba ilusionado, y esto no había hecho nada más que empezar. No sabía aún cuanto quedaba. Por aquel entonces yo decía que quedaba mucho rock and roll pero no sabía la de dificultades, alegrías y amigos que aquel año 2022 iba a traerme. Por ahora, había ganado mi primers carrera, la primera carrera de enduro que corrí.

Unas semanas más tarde llegó la carrera de La Pesquera y me llevé más aprendizaje que otra cosa. Aprendí que las cosas no se pueden hacer corriendo. Para ganar necesitas tiempo, estar relajado y dejar fluir. Necesitas ir a tu ritmo y no forzar pues ahí es donde vienen los fallos. Me caí mil veces y dos de esas caídas podrían haber tenido consecuencias. Comprendí lo mental que es el enduro, que no servía esa explosividad del motocross donde las mangas duran 20-30 minutos. Las carreras de enduro, duran horas.

Y aún no había llegado Valdecaballeros, el infierno de la piedra. Si hay algo que haya evitado en el mundo de las motos por años y años, eso han sido las piedras. Esa herencia crossera me había venido muy bien unas veces… Pero hizo pasar un verdadero infierno en Valdecaballeros. ¿Cómo puede uno no disfrutar de algo que ha decidido hacer voluntariamente y sin ninguna necesidad? Y, ¿por qué eso engancha?

Valdecaballeros y La Pesquera me dejaron un gran sentimiento de humildad y unas tremendas ganas de seguir aprendiendo de todos los que compartían este deporte conmigo. De un primer puesto en Cheste pasé a un segundo en la Pesquera, y de un segundo a no clasificar en Valdecaballeros. Mi mente de campeón de hundía y yo tenía que aprender de ello.

Conseguí un segundo en Navalucillos, y volví a ganar en las montañas negras de carbón del Bierzo, en Igüeña.

Durante estos meses me preguntaba repetidamente qué nos ha llevado a cada uno de nosotros a correr carreras de motos por medio país. La razón más aparente, es que nos gustan las motos. Adam Riemann diría que nos mueve el Fight or Flight. Creo que además de todo eso, hay algo más profundo que compartiré más adelante. Sea lo que sea en esas carreras uno se llega a sentir en casa. Cada día que sufría conocía a personas que me alegra muchísimo haber conocido y me sentía incluido en un nuevo ambiente. Esta era una pequeñisima parte de todo como luego descubriría. Vivía y sufría montañas de media España y en aquel entonces aquello era todo lo que tenía claro.

Al final llegó Cordoba. El Cerro Muriano. Obejo. Allí gané el Campeonato amateur Castellano Manchego de Enduro.

Recorrer la península solo, con una furgoneta cargada con una moto y corriendo carreras de enduro: sonaba verdaderamente una idea romántica un año atrás cuando había decidido comprar aquella furgoneta y aquella Huqvarna. Como era de esperar nada había salido como esperaba.

No esperaba ganar un campeonato de una especialidad de la que no sabía nada hace un año. Cualquiera que lea mi Instagram de 2022 (que he reflejado aquí) comprenderá lo difícil que era para mi enfrentarme a aquellas piedras. He sufrido el enduro – muchísimo. Recordaré siempre aquella sierra de Valdecaballeros, las minas de Igüeña, las ramblas de Cheste, la pizarra de Navalucillos…
En la Pesquera un tal Manolo Guirao me ganó. Yo gané una buena amistad.
Córdoba fue mágico – Y sí, me dió el campeonato con ese segundo puesto. Enhorabuena Sergio Uceta, podríamos haber sido cualquiera de los dos.
Si bien es cierto que el enduro se gana con mucho esfuerzo, es innegable no darle la importancia tan grande que tiene a la suerte. Las motos se rompen, los huesos también, los cuerpos desfallecen y nuestras mentes no son siempre tan fuertes como queremos.
Os dejo con una lección: Las palabras de Michael Lewis:
«Los resultados en la vida, aún no siendo totalmente aleatorios, contienen una gran cantidad de suerte. Por encima de todo reconoce que si has tenido éxito, también has tenido suerte – y con la suerte viene una obligación. Tienes una deuda y no solo con los dioses. Tienes una deuda con los desafortunados»
Gracias, por este año. A todos. En especial a ti.
