Hielo y Arena

Salgo de Fez muy temprano, aquí amanece sobre las 6, así que paso del desayuno que me ofrecen en el hotel ya que me espera la ruta mas larga de mi viaje. El trafico es apabullante, ¡y me quejaba yo de la hora punta en Madrid!

Me dirijo a Ifrane, un pueblo al que se le conoce como la suiza marroquí. Aquí empiezan las montañas del Atlas, y hace un frío que pela. Empiezo a ver nieve a unos 50km de Fez, y me produce la primera ruptura del estereotipo que tenemos de Marruecos. Aquí también hay montañas verdes, y nieve, mucha nieve. Tengo la sensación de estar en la Sierra de Madrid. El segundo choque me viene cuando llego a Ifrane. Flipo. Parece una ciudad del norte de Europa con sus parques para los niños, fuentes, jardines y chalets de dos y tres plantas. También hay mucha policía y mucho niño pijo, y es que aquí hay una universidad a la que “la elite” de Marruecos envía a sus hijos a estudiar. No es raro ver un Porsche. Parece el futuro de Marruecos. En verdad desde que he llegado aquí he tenido la sensación de que Marruecos es en gran parte como España hace 50 años, y esto lo confirma.

Dejo Ifrane aún asombrado y el paisaje se vuelve aún mas frío. Hay nieve por todos lados y estoy helado. Me adelantan dos Porsches preparados para una especie de rally clásico. Les sigo, van a toda hostia.

Llegamos a Azrou, una pequeña ciudad conocida por tener un bosque lleno de monos…¿qué queréis? alguna ciudad en el mundo tenía que ser famosa por tener un jodido bosque con monos…

Doy mil vueltas y no encuentro el jodido bosque. Así que me marcho hacia Midelt, una ciudad a las puertas del desierto. Al avanzar sólo unos km, encuentro el bosque, y a los monos menos amigables del mundo. Enseñan los dientes y soplan. Les hago unas fotos y sin perder mucho tiempo marcho hacia el Sur, aún me quedan muchísimos km por delante (más de los que imaginaba).

Sigo por una carretera nevada y de repente comienzo a bajar. Aparece delante de mi, sin previo aviso, el Sahara. No es arena, es otro Sahara. Y es que el Sahara esta formado por cuatro clases distintas de paisajes: los mares de arena (erg), los valles de roca (hamada), las planicies de gravilla (reg), y los salares (shatt). He entrado en el valle de roca.

Llego a Midelt, y empieza a sentirse el desierto. Este lugar es famoso por sus fósiles, fósiles de caracolas. ¿Sorprende no? Y es que el Sahara fue un día un gran mar. De hecho, la mayor concentración de fósiles de los antepasados de las ballenas, está en el Sáhara (concretamente en Egipto).

El paisaje es rocoso y seco, no se entiende como alguien pueda vivir aquí. En este tramo desde Midelt a Errachidia me encuentro gente a los lados de la carretera haciendo señas con botellas de agua vacías. Piden dinero, o comida, o cualquier cosa que puedas darles. No me entra en la cabeza. No tengo ni puñetera idea y no puedo juzgar pero, si aquí no hay nada, ¿por qué no se van a otro lugar?¿Qué hace esta gente aquí? La escena es desoladora, me sobrecoge. Gente sin nada ni posibilidad de nada. No hay alternativa ni parecen buscarla. ¿Dónde está el colegio de esos niños? El desierto y las muchas horas que llevo sobre la moto empiezan a afectarme, y mi animo comienza a caer. Quería hacer todo este tramo hoy y ver el Sahara pero ahora lo veo demasiado para mí. Me pregunto qué cojones hago en medio de este desierto, qué ocurriría si me caigo o se me rompe la moto…Son cosas que en algún momento tenían que pasarme por la cabeza. Llegar a Errachidia se me hace un mundo, y cuando llego aún quedan 115km hasta Erfoud y otros casi 100 hasta Merzouga. Me acuerdo de algunos mensajes que me habéis escrito y al llegar a Erfoud comienzo a ver arena. Me vengo arriba. Chillo. ¡Ya estoy aquí coño!

Paso Erfoud y llego a Rissani. Pregunto a varias personas como llegar a Merzouga. Un hombre me explica que el Erg Chebbi, la gran duna donde comienza el mar de arena que todos hemos visto alguna vez en foto, no está en Merzouga. Entonces busco como llegar al erg y un hombre llamado Mohaa me dice tener un hotel en los mismos pies de la duna. Me deja una habitación por unos 20 euros con cena y desayuno. Cuando le digo que me la enseñe, me dice que se viene conmigo en la moto, así que nos vamos los dos montados los 20–30km que separan Rissani de las dunas. Para llegar al hotel hay que pasar por una pisa de arena y las dunas se ven a lo lejos. Impresiona. No puedo creerlo. ¡He llegado!¡He llegado al Sahara! He llegado desde la puerta de mi casa en Madrid en cuatro días. ¡Estoy aquí! Me dan ganas de llorar, soy un poco blando para estas cosas. Estoy muy feliz. Ahora, sentado sobre una duna recuerdo la frase que mi amigo Alex me dijo una vez:

Attitude determines altitude

De corazón, gracias a todos

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