Las dos gargantas

La alarma del móvil suena a las 4:52, me levanto y salgo a las dunas. Allí están todas y cada una de las 2.500 estrellas que los humanos podemos ver a simple vista en un cielo decente. Me pongo en marcha con un caminar lento y pesado debido a toda esta arena. Quiero ver el amanecer desde lo alto del Erg Chebbi.

Me pierdo varias veces, la luz de mi linterna no es suficiente para marcarme el mejor camino por la cresta de las dunas. Así acabo bajando y subiendo por las dunas, tratando de llegar arriba. Los que me conocéis sabéis que yo me guío un poco como los pastores, con el sol por el día y las estrellas por la noche. Se que debo mantenerme entre Casiopea y el Escorpión, dejando a mi izquierda a Polaris y a Kochab. Continúo, hace un frío que pela.

Tras una hora consigo llegar arriba y la vista realmente merece la pena. La sombra que deja el Erg Chebbi sobre el resto de las dunas es un triángulo casi perfecto. Decido tomarme mi tiempo y alargar ese momento. Me encanta estar ahí…

Mientras el sol sube y la sombra del Erg Chebbi se encoge, yo bajo las dunas. Una vez en la kashba guardo mis cosas en las maletas y las cargo en la moto. Desayuno fuerte y llevo a Moha hasta Rissani. Allí me despido de él con un nudo en la garganta, me da la sensación de dejar allí a dos grandes amigos: Moha y Mohsin. Volveré lo tengo claro, pero ahora debo marchar a las gargantas del Dades y del Todra.

Me dirijo al oeste y encuentro algunos pueblos que me producen una sensación extraña. Aquí todas las mujeres van escrupulosamente cubiertas por velos negros e incluso me cruzo con varios hombres que llevan su pequeño harén en unos remolques de los que ellos tiran con una motocicleta. Esto me sorprende porque este estereotipo que tenemos de Marruecos y la religión musulmana no es cierto. Pero aquí parece ser verdad.

Poco a poco me voy acercando a unas montañas desnudas y secas, sin ningún tipo de vegetación. Por esta carretera pasan muchas caravanas y autobuses de turistas, y la población de aquí te hace señas para que pares para cobrarte por enseñarte una especie de pozos que tienen.

Cerca de Tinerhir comienza la garganta del Todra. La zona es aún más turística y eso se nota. Te paras con la moto y no suceden las cosas, aquí solo consigues verte rodeado de marroquíes que intentan venderte algo o cobrarte por que te hagas una foto con ellos. ¡Y es que es eso lo que hacen los Occidentales cuando van de viaje! La culpa de verte rodeado continuamente de moscones no es de ellos, sino de los turistas. ¡Es normal que nos vean como bolsitas de dinero andante! Esto me repugna. Otros sólo piden un “exchange”, un trueque, fundamentalmente de una botella de alcohol (que aquí no se vende) por cualquier cosa.

Paro a hacer una foto de estos pueblos de adobe y veo unas 15 BMW acompañadas de una furgoneta oficial. Estos son los famosos tours que organiza BMW por marruecos a un nivel cinco estrellas. Nada puede pasarte y todo esta bajo control, pero te quedas con un ligero sabor de aventura en África. Con todos mis respetos esto sí que es una aventura de pacotilla.

Me adentro en la Garganta del Todra. Verdaderamente impresiona. La carretera fluye junto al río entre unas paredes verticales de piedra de unos 160m de altura. Me sorprende de verdad. La garganta está llena de occidentales escalando y de autobuses llenos de chinos que no paran de hacer fotos. Siempre me he preguntado cuántas fotos puede hacer un chino al día cuando va de viaje.

Hago varios km por la garganta y…¡plin! Se me enciende la reserva…¡Mierda! He olvidado repostar. Me paro y no se que hacer. Si continúo puedo quedarme sin gasolina incluso contando con la garrafa de 5 litros que llevo en una de las maletas. La ruta de las dos gargantas — Todra (de Tinerhir a Agoudal) y Dades (de Bomalne a Agoudal) — son unos 172km. Tengo que volver atrás. Ahora sólo tendría tiempo de hacer lo que hacen la mayoría de los turistas, es decir, un tramo de cada una de las gargantas. De otra forma no llegaría a Ouarzazate antes de la noche.

Pongo gasolina y llego a Boumalne Dades. Busco la segunda garganta y entro en ella. Hay varios km hasta encontrarla pero el recorrido merece la pena. Se circula entre enormes paredes de piedra que dejan pie a un amplio valle en donde se encuentran multitud de pueblos de adobe.

Tras 30km se llega a las famosas curvas del Dades. ¡Son mucho mas grandes de lo que parece en las fotos! Esta es una carretera mítica. Multitud de programas de coches han venido a Marruecos sólo para grabar aquí.

Cuando llego arriba unos franceses me rodean. Me preguntan por mi viaje en solitario y flipan. Flipan mucho y no tengo ni idea de por qué. Se cruzan miradas de sorpresa mientras sonríen, seguro que pensando que qué cojones hará este españolito solo por aquí. Decido aprovecharme y les cuento la bola del siglo: les digo que estoy haciendo un video para BMW y que necesito que me ayuden a grabarme subiendo las curvas del Dades. Cuela. Me voy de allí más feliz que un regaliz. Cuando uno viaja solo tiene que echarle morro a todo y así las cosas salen sobre ruedas.

Ya sólo queda llegar a Ouarzazate. Me esperan 160km de paisaje seco, viento, mucho viento y los conductores más kamikaze de todo Marruecos. Dos veces me encuentro con un coche viniendo de frente porque no había mirado para adelantar. La moto se mueve por el viento, así que me obliga a ir más despacio.

Cuando por fin llego a Ouarzazate y a su enorme oasis, me paro en una acera donde hay aparcadas muchas KTM. Su propietario se llama Peter, un inglés que vive aquí y se dedica a organizar tours de enduro de tres días por la zona a un precio de unos 1000 euros, hoteles incluídos. Su negocio de llama Wildernes Wheels y parece que no le faltan clientes. Tras un rato hablando recuerdo que no tengo hotel y ya se está haciendo de noche. Le pregunto a Peter, que coge una KTM y dice que le siga. Se mete en un cuatro estrellas y le digo que ahí no. Pero él quiere que le deje a él hablar. Me consigue una habitación por 300MAD, menos de 30 euros para mi y para la moto. Peter, ¡eres un crack! Estoy lleno de polvo y una buena ducha se agradece.

Salgo a dar un paseo. Siento que Ouarzazate es el final de mi viaje. Desde aquí quitando Ait Ben Haddou el resto son grandes ciudades, y Marrakech ya la he visto. Me siento más en un viaje de vuelta que en la propia aventura. Esto ya es tan turístico que paras y las cosas no suceden. Echo de menos el Rif y el desierto del Sahara. A aquel pastorcillo del Red Bull, a los niños del burro…voy a echar de menos a Moha y Moashin, los dos bereberes que me hicieron sentir en casa.

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