Meteora

Partimos a Olimpia y una vez allí no puedo evitar la tontería de dar una vuelta corriendo al que es el primer estadio olímpico de la historia. La ciudad olímpica es hoy una gran colección de piedras en el suelo colocadas sin ningún orden pero esto una vez fue un lugar próspero y de peregrinaje para atletas de toda Grecia. También era un gran centro religioso pues se dice que aquí estaba una gran estatua de Zeus hecha de oro y marfil que no era ni más ni menos que una de las 7 maravillas del mundo antiguo.

Aquella noche llegamos a Patras, la tercera mayor ciudad de Grecia donde hemos quedado con Pauline, una antigua amiga de máster de Wojciech. Salimos a cenar unos platos riquísimos y unos cóckteles. Pauline parece estar disfrutando de volver a ver a Wojciech, y es que este es capaz de amenizar cualquier situación creando un ambiente que sólo él sabe crear.  No obstante nos vamos a dormir temprano pues aún nos quedan 314km hasta Meteora…

El camino de Patras a Meteora se hace entretenido. Primero uno cruza el puente que separa el Peloponeso con la Grecia continental, apenas 3km que se construyeron en 2004.  Luego llegamos a unas montañas llenas de lagos cuya agua parece manchada de varios colores. Este paisaje ya no se parece a aquella escenografía de juguete del Sur de Grecia sino que ya se parecen más a unas “montañas de verdad.” Una vez en Ioannina uno empieza a encontrar más curvas y a ver el tipo de roca que uno espera de Meteora.

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Pero la realidad se nos hace presente tan sólo un par de curvas más adelante, cuando unas grandes moles de roca aparecen sobre nosotros. Simplemente flipamos y no podemos parar de mirar a todos lados. Las fotos no le hacen justicia a este paisaje, es simplemente sobrecogedor. Esto debió pensar Linkin Park cuando en 2003 nombró a su disco más conocido con el nombre de este lugar.

Para más inri nuestro hotel en Kalampaka se encuentra justo bajo estas moles de piedra: se llama Alsos House, a 63 euros por una habitación triple con una gigantesca terraza a los pies de Meteora. Además podemos picar de la cocina y hacernos tantos tés y cafés como deseemos. Estamos simplemente mudos, ¿qué os puedo decir? no podría haberle pedido a un sitio nada más, absolutamente nada más.

Escribo unas líneas y mientras Wojciech y Massimo descansan del viaje yo subo corriendo por un sendero de piedra hasta el primero de los monasterios. Bajo de nuevo corriendo y salimos con el coche a la carretera que rodea los monasterios. Hubo un día que eran veinticuatro monasterios pero hoy sólo seis quedan en pie debido a que los nazis los destruyeron al ver que tropas aliadas los usaban para refugiarse dentro. ¡Qué pensarían aquellos monjes que los construyeron allí arriba simplemente para estar más cerca de Dios!

Meteora sobrecoge. Es increíble la primera sensación que produce este lugar. Yo nunca he visto algo semejante. Sin embargo aún nos queda la mayor de las sorpresas: cuando recorríamos la pequeña carretera que conecta los monasterios para contemplar el valle desde todos sus ángulos todo comienza a tornarse de un color amarillento. Grandes sombras y fuertes contrastes empiezan a pintarse en las piedras. No hay forma de describir lo que ven mis ojos en esos apenas 15 minutos que dura el atardecer de Meteora. Uno debe venir a verlo y punto.

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Una vez contemplado el espectáculo compramos unos gyros y nos los cenamos en la gran terraza de nuestro Alsos House. Tengo que recomendar una y mil veces este hotel…por unas horas somos las personas más afortunadas del mundo.

A la mañana siguiente nos levantamos para ver el amanecer de Meteora queriendo revivir aquellos 15 minutos del día anterior, pero íbamos a quedarnos con las ganas. Las montañas que flanquean Meteora por el este son demasiado altas haciendo que el sol no llegue al valle hasta bien entrada la mañana, cuando ya ha perdido su color rojizo. Lo único que conseguimos es pasar frío, aunque también despedirnos del lugar.

Marchamos contentos, camino a Atenas. Por el camino paramos en donde el famosísimo rey espartano Leónidas libró su última batalla. Hoy su enemigo, el rey persa Jerjes podría pasar con su millón de soldados sin problema ninguno por este paso pues la línea de costa se encuentra hoy a varios km de las paredes casi verticales de las Termópilas. Al ver la antigua fuente termal y el monumento a Leónidas uno empieza a pensar en lo que tuvieron que pasar aquí estos griegos hace exactamente 2.496 años (note el lector que intento sacar siempre mi querido número 96)…

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Rumbo al sur y en poco tiempo llegamos a Delfos, el antiguo oráculo de Apolo al que ciudadanos de toda Grecia acudían para preguntar acerca de su futuro o para pedir consejo. Posiblemente la primera consultora de la historia. Aquí unas sacerdotisas (una tal Pitonisa fue la más conocida) se cogían cogorzas con todo tipo de drogas para transmitir los mensajes de Apolo. Tal era la cogorza que unos sacerdotes eran los encargados de traducir los balbuceos de estas señoritas a sus queridos “clientes.”

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En fin esto ha sido Grecia continental. Me voy del viaje con un sabor de boca extraño. Han sido demasiados km en pocos días, a correprisa y dentro de una jaula de metal con cristales llamada coche. Sentí que faltaba a la premisa de todo buen viajero: se debe disfrutar del viaje en sí y no del destino. El fallo de este objetivo ocurre cuando uno organiza muy bien el viaje y se fija metas. Ocurre cuando se va dentro de una jaula de hierro y cristal que te separa del mundo exterior. Ocurre porque somos occidentales y estamos acostumbrados a vivir con horario, con disciplina y orden. Ocurre porque estamos acostumbrados a vivir completamente comunicados. Con ello todo pierde su propia autenticidad.

Por otro lado he viajado con dos grandes amigos y no es la primer vez. Cuando uno viaja con amigos se cubre la necesidad de querer compartir, de querer que haya otro testigo de lo que uno esta viendo. Increíblemente muchos lugares necesitan de ese testigo compartido.

Contrastes, cosas de la vida. De cualquier forma viajar seguirá siendo la única cosa del mundo en la que gastando los ahorros te hagas verdaderamente más rico.

 

Una respuesta a “Meteora

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