Tres leyendas de un dragón

Levantarse en el Haus Lackner es una delicia. Andrea, la dueña de la casa, me dice que soy muy canijo para llevar esa moto y me prepara un desayuno como para tumbar a un equipo de rugby. Es una mujer grandona que me enseña con mucho orgullo las fotos de sus hijos y su marido, todos tan grandones todos como ella.

Weissensse es un lugar precioso al que se accede por una carretera llena de curvas e ideal para los moteros. Yo creo que Othar se lo está pasando mejor que yo por estos montes. La carretera que sale de Austria hacia Eslovenia ofrece unas vistas increíbles, es una de esas veces que soy consciente de que estoy disfrutando del viaje y no solo del destino. Esa debe ser la premisa de todo buen viaje y en realidad yo también intento que lo sea de cualquier otro objetivo que me marco en la vida. Es como trabajar, si sólo eres feliz el día que te ingresan el sueldo estás bien jodido.

La idea de venir a Austria tenía dos razones: los Dolomitas y el entrar a Eslovenia por el Triglav, tres picos de casi 3.000 metros que son el emblema nacional.

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Nada más cruzar la frontera el asfalto cambia, este está lleno de parches y muy bacheado. Esto cambia en las autovías para las cuales es necesario pagar una Vigneta (una pegatina de 7,50 euros que equivale al impuesto de circulación).

Eslovenia es el primero de los tres países de la antigua Yugoslavia que voy a visitar y el único que tiene el euro como moneda (es miembro de la Unión Europea desde 2004 y de la zona euro desde 2007). En Eslovenia hay cuatro lugares básicos que uno debe visitar: El Triglav y su lago Bled, Ljubljana, el castillo de Predjama y las cuevas de Škocjan (este último es el único lugar Unesco de Eslovenia y también el único que tengo mis dudas si voy a visitar). Para hoy planeo ver los dos primeros.

Llego al lago Bled y la primera impresión que da al ver el agua tan cristalina es de asombro. El lago glaciar es un lugar muy tranquilo a pesar de lo turístico que es, y destaca imponente su castillo encima de una roca a 130 metros sobre el lago (de este ya había registros en el año 1.000). En mitad del lago hay una isla, la única isla natural en territorio esloveno, en la cual alguien creyó oportuno plantar una iglesia muy pintona.

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Paso dos horas en las orillas del lago y me doy cuenta de que me entretengo yo solo con muy poco. A medio día decido marchar a Ljubljana que se encuentra a sólo media hora y por buena autopista. Encuentro el hostal de hoy que lleva un croata muy simpático llamado Denis y marcho a ver la capital de Eslovenia.

Lo que más sorprende de Ljubljana es lo pequeñísima que es. Esto le da un encanto muy especial del que ya me habló mi amigo Álvaro cuando se lo encontró en un interrail. El pequeñisimo centro histórico transcurre a orillas del Ljubljanica y rodeando un castillo algo soso en lo alto de una colina. Después de visitarlo bajo al puente de los dragones cerca del cual me tomo una Klobasa, una salchicha con mostaza y queso que al parecer es muy típica de Eslovenia. Con ella me quedo mirando el (pequeño) puente de los dragones…

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Hay varias leyendas por las cuales el dragón es el emblema nacional.

La primera tiene que ver con Jasón, el héroe griego que debía conseguir el vellocino de oro para poder ser el rey de Magnesia. En el camino, Jasón hibernó con los argonautas (así llamaba a su tripulación de un barco que construyó llamado Argo) a orillas del Ljubljanica siendo así el primer habitante de Ljubljana. Se dice que cerca de aquí mató a un dragón que habitaba en una ciénaga, siendo esta hazaña el símbolo de la ciudad.

Otra leyenda dice que se debe a San Jorge, patrón de la capilla del castillo que hay sobre la colina. Muchos sabréis que San Jorge matando a un dragón simboliza cómo la fe cristiana se impuso ante otras muchas creencias anteriores y esa fue la razón de que en la Edad Media le hicieran patrón del castillo.

La tercera leyenda cuenta sobre una batalla eterna entre dos dioses eslavos, Perun y Veles (una creencia previa a los Thor, Odín y compañía que todos conocemos). Perun era el padre de todos los dioses con los poderes de la tormenta, el rayo y el trueno.  Veles era un dios asociado al Inframundo y se le representa como una serpiente gigante que se enrosca en el árbol de la vida. La lucha entre estos dos dioses nunca cesaba y se dice que donde había tormenta ambos estaban peleando. Bajo esta creencia, Perun derrotó a Veles donde hoy encontramos Ljubljana.

Creamos lo que creamos Ljubljana es una ciudad muy acogedora y con un ambiente muy alegre. No obstante empiezo ya a tener ganas de llegar a Croacia donde planeo dormir mañana. Estoy justo en el ecuador de mi viaje y ya tengo la sensación de llevar una eternidad fuera de casa. Eso produce dos cosas: por un lado ahora es cuando de verdad empiezo a sentirte dentro del viaje, a normalizar todo lo que ocurre y a no preocuparme por absolutamente nada. Por otro lado es el momento en que me pregunto qué cojones hago en mitad de Eslovenia habiendo venido con la moto yo solo. Las respuestas vienen solas. Lo difícil es siempre dar el primer paso, una vez que lo das las cosas van llegando solas y la confianza en uno mismo se hace muchísimo más fuerte, casi inquebrantable. Es entonces cuando todo encaja y recobra su sentido. Simplemente por crecer y matar tus propios dragones, todo esto vale mucho la pena.

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