El corredor de Wakhan

Tras los primeros dos días en la carretera del Pamir hicimos un día de parada en Khorog, la capital de Gorno-Badakhshan. Yo aproveché para reparar la cámara pinchada en la primera etapa por la carretera de Tavildara, echar gasolina y limpiar los radiadores y la cadena de la moto. Lo pude hacer en un taller de neumáticos en el que dos simpáticos tayikos me ayudaban constantemente sin cobrarme nada. Además de eso visite el bazar y escuche por primera vez la música típica de esta región tocada con un acordeón. Había pensado ir también a visitar a una familia que el día anterior nos había invitado a comer miel en la carretera, pero me di cuenta de que no podría rechazar su té y posiblemente volvería a enfermar como en Uzbekistán. No quería arriesgarme al menos, pues nos esperaba lo más duro, el corredor de Wakhan.

Aquella tarde paseando por un precioso parque que hay en Khorog, a orillas del río y que cuenta con piscina y un escenario de música, descubrimos una oficina de información turística. Entramos a preguntar sobre la dureza del corredor de Wakhan y hablando nos preguntaron que por dónde habíamos venido. Cuando dijimos que en nuestro primer día en la carretera del Pamir habíamos cogido la carretera de Tavildara, se echaron las manos a la cabeza. Nos dijeron que esa carretera era impracticable. ¡Vaya¡ Impracticable no porque la habíamos hecho nosotros pero, ¡por eso sufrimos tanto!

Ese primer día en la carretera del Pamir nos mantenía alerta y eso nos era muy útil pues íbamos a empezar el corredor de Whakhan que es famoso por ser la parte más complicada de estas montañas del Pamir. Nos levantamos al amanecer desayunamos y salimos a ver el corredor. En los primeros kilómetros el paisaje es similar al de los días anteriores, un estrecho valle formado por el río Panj. Sin embargo aquí el asfalto era bueno.

El valle se iba ensanchando a medida que nos acercábamos a Ishkoshim donde las aguas del río estaban más calmadas. Se abría un extenso valle lleno de cultivos entre aquellas montañas sin vegetación, tan sólo vestidas de blanco en sus cumbres.

La ciudad de Scassem está en el llano y tiene muchos castillos en las montañas; un gran río pasa por medio de ella. En aquella región hay muchos puerco espines juntados en uno, se menean con gran saña y arrojan las púas que tienen en el dorso y sus costados contra los perros y los hombres, y a menudo hieren a muchos. Esta gente tiene su propia lengua. Los pastores de la comarca resien en las montañas, donde hacen sus moradas en cavernas.

Así hablaba el explorador veneciano Marco Polo (1254-1324) de este lugar, quien pasó por Wakhan en su viaje hasta China. Hoy no quedan erizos que lancen púas pero la ciudad continúa bañada por las mismas aguas del río Oxus (en latín), donde a principios de los 80 la Unión Soviética construyó un puente para transportar tropas para la conquista de Afganistán. Hoy ese puente lo emplean los locales para unir los sábados al Ishkoshim tayiko y al Eshkashem afgano en un mercadillo. Nosotros no lo veremos pues el puente de ha cerrado ante la visita que el presidente de Tayikistán planea hacer en dos semanas. En cuanto a su población muchos de son ismaelíes (*) y como decía Marco Polo, hoy un pequeño grupo tiene su propia lengua, el Eškāšmī. En realidad hay varias lenguas diferentes en estas montañas y no me aclaro bien con ellas.

Pasado Ishkoshim se ven las ruinas de varias fortalezas en las montañas. Estás guardaban en época de Marco Polo a los mercaderes que por aquí pasaban siguiendo la ruta de la seda. Nosotros nos dirigimos a una, el fuerte de Yanchum que, hoy en ruinas, guarda las aguas termales de Bibi Fatima.

El corredor de Wakhan es espectacular, cada uno de sus diferentes valles es un nuevo regalo a la vista. El río discurre en calma abriendo un amplio valle entre las montañas. Eso permite que los locales tengan tierras de cultivo que parecen verdaderos campos de golf. En esos campos de cultivo se ven hombres y mujeres trabajando. El atuendo de las mujeres es curioso, van tapadas por completo excepto por una fina rendija en los ojos, pero no es el típico vestido negro y ancho. Más bien parecen ninjas o Power Rangers de todos los colores y debido al recelo con el que nos miran por ser hombres, uno se espera que le vayan a lanzar un cuchillo volador en cualquier momento.

A tan sólo diez kilómetros de Bibi Fatima el asfalto desaparece y descubrimos un nuevo terreno liso pero lleno de piedras que hacen culear la moto como si de arena se tratara. Por cierto, os sorprenderá pero también hay algunas pequeñas dunas que aveces invaden la carretera.

Giramos a la izquierda y empezamos a subir por la montaña. Arriba encontramos el fuerte de Yanchum que seguro vio tiempos mejores. Continuando el pedregoso camino se llega a Bibi Fatima. Allí dormimos en una casa sin electricidad ninguna (la dueña de la casa cargó el teléfono en mi moto) y a tan solo unos pasos de las termas. La ducha de nuestro nuevo hogar eran las termas así que allí fuimos con toda la tarde libre, a descubrir una nueva experiencia: bañarnos desnudos con tayikos en una piscina más pequeña que el salón de David el Gnomo. Se daban masajes unos a otros y hablaban entre sí recolocándose las pelotas continuamente. Si no habéis hecho esto, no habéis estado en Whakhan, os lo aseguro.

La tarde refrescó pero se estaba de maravilla mirando aquellas montañas nevadas enfrente de nosotros. Esas montañas eran afganas, y creerme ofrecieron un precioso expectaculo en la noche al ser reflejadas por la luna llena. A pesar de la luna, nunca vi tantas estrellas, escorpio y Júpiter estaban justo enfrente nuestro.

Amanecimos con el sol y empezamos a preparar nuestras cosas. Hasta ahora la Wakhan no había sido más que un paseo pero eso tenía que cambiar, nos esperaba la sección más dura, la que le daba la fama a esta carretera. Los primeros cincuenta kilómetros hasta Langar fueron similares a los que había antes de Bibi Fatima. El único percance fue poner gasolina mezclada con agua en Zhong, el pueblo de la famosa Torre de la Seda.

A partir de Langar el camino se encoge, empeora y empieza a subir por la montaña. La vista de Afganistán es preciosa desde allí arriba, con todas sus montañas nevadas. Allí me parece, solo, a escuchar el valle. Tan solo el río (de nuevo salvaje) se oía a lo lejos. La montaña estaba desnuda y ofrecía un paisaje lunar, aquello parecían rocas marcianas sin ninguna vegetación. Tan solo sonaba el viento, y qué bello era escucharlo.

El camino serpenteaba entre las montañas, ofreciéndonos vistas de la nevada Afganistán. La ruta era preciosa pero tras treinta kilómetros volvimos a pegarnos al río. El paisaje se volvía más lunar, más extraterrestre. La vegetación del valle había desaparecido, tan solo quedaba tierra rojiza moteada de piedras negras, posiblemente achicharradas por el sol. Era la nada, la más absoluta nada. Kilómetros y kilómetros de un paseo por Marte, eso es lo que era.

Al final de esa nada encontramos un puesto militar en un lugar llamado Khargush. Los militares llegaron corriendo desde el lugar a tomar por culo en el que estaban y venían jadeando como bestias. No se cómo lo hicieron, la altura de notaba y cuando yo andaba o corría me cansaba inmediatamente, ya habíamos superado los cuatro mil metros sobre el nivel del mar. Nos pidieron los pasaportes y la visa, y nos contaron que habían sido destinados en ese lugar por dos años. Pensadlo, dos años sin salir de Marte. El pueblo más cercano está a cincuenta kilómetros por un camino de cabras.

Tras ese puesto militar, comenzaba una treintena de kilómetros de puro desierto tan duros como la etapa de Tavildara. Son algo que se hace fácilmente, pero hay que ir paso a paso, sin prisas. Saludamos al ejército chino que estaba allí de maniobras, nos despedimos de Afganistán pues la frontera acababa allí, y poco a poco llegamos al final de la Whakhan, que muere de nuevo en la M-41, la carretera del Pamir.

No fue una ruta dura. Hoy os puedo decir que el corredor de Whakhan me defraudó como reto, pero me sorprendió y mucho por su belleza. No sé si es una de las carreteras más duras del mundo lo que si se es que seguro es de las más bellas, y que sus niños son de los más chillones y alegres cuando ven una moto. Me quedo con eso de la Wakhan, con su paisaje, con su silencio, con su gente sonriente. ¿Qué regalo más bonito puede haber?

*El Islam se divide a mayoritariamente en Sunitas (85%) y Chiítas (10%). Los Sunitas creen que el legado de Mahoma pasó a manos del mejor amigo del profeta, Abu Bakr y siempre debe pasar a un árabe miembro de la tribu de Quraish, de la que procedía Mahoma. Los Chítitas por el contrario piensan que el legado de Mahoma solo podía pasar a aquellos que compartían sangre con Mahoma, por lo que reconocen a Ali Ibn Abi Talib, primo y yerno de Mahoma (Alí estaba casado con Fátima, hija de Mahoma). Dentro de los Chiítas, los Ismaelíes sólo reconocen a los 6 primeros imanes ya que el hijo del sexto, Ismael, había muerto antes que su padre. Ellos creen que Ismael no murío, si no que se ocultó y que volverá al final de los tiempos como mahdi o profeta del Tiempo.

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